¿Alguien se ha puesto a pensar en la realidad, de que tipo de transformación ha habido en los últimos años en la nuevas generaciones?

 

Hace ya más o menos una década, que los antiguos jugadores/as ya están más anhelados que volver a ver una final entre Boston y Lakers, nos llaman los de la vieja escuela. Hablamos de personas que rondan entre los 30 y 40 años, los últimos herederos de una saga la cual se basaba principalmente en el esfuerzo, la motivación, la superación, la rivalidad, el trabajo, el trabajo, el trabajo,etc…………..

 

Hoy día, esos jugadores nos hemos transformado en entrenadores, todavía recordando viejas historias y comentando aquellas jugadas de último segundo en la cual hubo un triple que hizo ganar al equipo. Estamos más viejos, con alguno que otro en baja forma física, nuestra curva de la felicidad, pero con el mismo entusiasmo y motivación que el mismo día que descubrimos, el querido baloncesto.
Ahora regresamos a la realidad y hablamos un poco de la actualidad.
Nos preparamos un entrenamiento semanal para un equipo cadete femenino, por ejemplo, ponemos casi toda la carne en el asador, vamos y nos encontramos a la mitad de jugadoras que han llegado 2 minutos antes, y la resta se incorpora poco pasado la hora de entrenamiento. Nos mordemos la lengua y tragamos un poco, a menudo que pasa el entrenamiento vemos con claridad que han venido con muy mala aptitud, pocas ganas de estirar pero eso sí, la lengua la estiran mucho. Se describe un ejercicio el cual planteamos un poco de técnica individual mezclado con juego colectivo y evidentemente físico, y no olvidemos nuestra intención de querer que presten atención.
Bien, una vez hemos conseguido poner en marcha ese ejercicio, se nos plantea otro problema, como no han prestado atención, decidimos parar y volver a repetir, cosa que hemos entrado en el terreno de ellas y solo quieren hablar y que pase la hora rápida de entreno. Acabamos el entreno, salimos fuera con la típica soledad del entrenador, las jugadoras solamente hablando de sus cosas, pero ves que hay tan solo una que se ha quedado con algo que tú intentaste enseñar, y quiere volver al entreno el próximo día. El echo de que al menos haya alguien que prestó más atención que el resto, es lo que te hace que vuelvas a prepararte otro entrenamiento más dinámico e intentas que el equipo colabore en cada entrenamiento.
Sin darte cuenta, te has metido en la mitad de la fase de la liga, con resultados más o menos favorables, pero aún sigues creyendo que todavía se puede cambiar la aptitud del equipo. Pasa otro período corto de tiempo y puf, final de temporada, otro año más y te has quedado con muchas ganas de haber querido trabajar más cosas, pero los que te rodean te dicen que has hecho una buena temporada, refiriéndose a los resultados de los partidos.


En fin más de uno seguro que se sentirá identificado, pero no perdáis la esperanza, al final del túnel se ve nuestra querida luz. Y ¿Cómo es posible hacer cambiar el chip a este equipo? Esa no es la pregunta, si no ¿ cuando cambiare yo mi propio chip?. Desde hace un tiempo que me di cuenta de una cosa, una mañana me levante y mi cerebro dijo basta, ya no puedes seguir de esta manera, estas retrocediendo en el tiempo y no puede ser. ¿ Alguno de vosotros intentaría hacer jugar a Lebron James como jugaba por ejemplo Scottie Pippen, o Carmelo Anthony como el increíble Larry Bird? Pues si contestáis que no, por que seguimos queriendo que la nueva generación entrene y juegue como lo hacíamos nosotros antes, tan solo hablo de 15 años atrás.
En este momento hablaré de mi propia experiencia. Hace pocas semanas, empecé a entrenar en un nuevo equipo, precisamente un cadete femenino de segundo año. Estas chicas ya tenían entrenadora, pero el coordinador pensó que seria mejor tener un segundo entrenador con un poco más de experiencia y con ese toque que caracteriza a la vieja escuela, crear más intensidad y motivación, y ahí es donde entro yo. El primer día fue bastante horrible, ya que entré con demasiada fuerza y sinceramente bastante crítico. Solo han pasado tres semanas desde que me incorporé en el nuevo equipo, hemos echo 2 partidos, los dos ganados, y de momento ya se han notado cambios. ¿En qué?

La aptitud, la motivación, la competitividad, pero aún hay cambios que están por venir, como por ejemplo en el que cada una irá progresando a su ritmo pero sobretodo con mucha rivalidad por querer jugar minutos y no defraudar a nadie, lo que llamamos espíritu competitivo. Todas los componentes del equipo, están sufriendo cambios, inclusive los técnicos, pero es bueno hacer estos cambios en la vida, por que si no te reciclas te tiran a la basura.
Muchos entrenadores tienen más o menos un estilo parecido al mío, hablo de los de mi quinta, rondando los 32 años. Deseamos ver a jugadoras que se lanzan contra el suelo a recoger un balón, a no dar un partido perdido hasta el final, y por supuesto hay que generar respeto por el contrario.
Todo esto ha ido evolucionando, pero a veces me daba la sensación que algo pasaba, era que los entrenamientos antiguos ya no funcionaban, esos cursos de antaño de entrenador de baloncesto se habían quedado un poco obsoletos, y ahí es donde entramos todos nosotros, CAMBIO.
Es una palabra que según como se mire no estamos preparados, pero es necesario realizarlo ya que de lo contrario nuestro futuro quedaría sumergido en el recuerdo, y nos dedicaríamos a ir por pabellones haciendo críticas ofensivas sobre los nuevos entrenadores de la nueva generación.
Sabemos que las nuevas tecnologías y demás temas virtuales han hecho mucho daño en nuestros jóvenes deportistas, pero debemos aceptarlo con más o menos resignación. Pero si cambiamos realmente volveremos a sentir las viejas sensaciones que teníamos, aquel olor que desprende el balón de baloncesto, el pabellón con su parquet crujiente, botellas de agua por el suelo, gritos en las gradas, en fin todas aquellas cosas que por desgracia tienen un tiempo muy corto, pero durante ese tiempo disfrutemos de todo eso gracias a nuestro CAMBIO.
Este artículo lo considero, más que técnico de autoayuda al entrenador, ya que todos tarde o temprano pasamos por estas etapas, y en ese momento solo hay dos caminos a seguir, o abandonas el baloncesto un tiempo, máximo tres años, o cambias tu chip como hice yo. Pero eso sí, decidas lo que decidas, se fuerte y hacia adelante, que el mirar atrás a veces funciona, pero nunca sigas comparando el ayer con lo de hoy.
Debemos empezar a creer más en los entrenamientos psicológicos, es importante algún que otro curso o charla con algún docente en la especialidad de la psicología deportiva, ya que nos ayudará a poder realizar entrenamientos basados en los jugadores actuales, teniendo siempre en cuenta sus necesidades deportivas, y sobretodo su estado anímico y psicológico. No cabe duda que cualquier entrenador actual seguro que estará haciendo un trabajo estupendo y meticuloso, pero si empleamos nuevas técnicas y modelos actuales de entrenamientos, seguro que se podrá llegar a donde realmente queramos llegar, a conseguir el súmmum, lo más de lo más. Pero eso sí, nunca hay que olvidar que cada día de entrenamiento hay que estar ahí, animando, motivando, cargarles de positividad, emocionando y sobretodo entenderles y saber escuchar. Son demasiados ingredientes para cocinar, pero si conseguimos mezclarlos todos, nos saldrá un manjar exquisito, nuestro equipo.
Ya sé que todo esto suena demasiado bién, pero hacerlo cuesta mucho más, pero no olvidemos el por que nos hicimos entrenadores, por dinero? Lo dudo, mas bién por pura vocación. Yo llevo a mi parecer demasiados años entrenando, pero todavía sigo con mucha motivación, el día que no tenga nada de motivación, será la hora de dejar paso a los nuevos entrenadores.
Seguro que cuando nos apuntemos por primera vez en algún equipo de baloncesto, teníamos un ídolo, el mío personalmente es, era y será, Magic Jhonson, grandes donde los haíga. Pues bien, a mí me gustaba imitar su juego, hasta que llegue a la edad de 14 años, me dije ¿ por que no puedo jugar como yo quiera, enseñar mi juego a la gente?. Cada día me hacía esa pregunta, hasta que ví que no podía cambiar mi estilo, más que nada por que era un hábito, y me sacrifiqué mucho hasta poder llegar a mi juego real. Que quiero decir con esto, que cuando somos entrenadores debemos principalmente poder ayudar a nuestros jugadores a que ellos también encuentren su juego propio, su motivación, su intensidad, nosotros somos la carretera, ellos son los que deben recorrer ese camino lleno de dificultades, emociones, lágrimas, sonrisas, ilusiones, demás adjetivos que únicamente son ellos que deben ir descubriendo por si solos para poder sentir, SU CAMBIO.

 

ARTÍCULO ESCRITO POR ANTONIO NAVARRO

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