padres

Desde que empecé a entrenar vengo observando como la actitud de los padres en la grada va empeorando cada temporada por no decir cada día, además cada vez se presiona más a los niños y niñas que practican nuestro deporte o cualquier otro. Por suerte para nosotros en nuestro país cada temporada hay más niños y niñas que quieren practicar baloncesto, además cada día se empieza antes con el deporte, con lo que optamos a mejorar nuestro deporte tanto en cantidad como en calidad, pero a la vez que aumentan esas licencias vemos a más padres y madres en la grada como auténticos energúmenos presionando a sus hijos e inculcando unos valores que no son propios del deporte como insultos, descalificaciones o agresiones.

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En años anteriores no prestaba tanta atención a los padres ya que al final en junior y senior estos comentarios no afectan tanto a los jugadores y jugadoras, ya que son capaces de “mandar callar” a sus padres. Con esto no quiero decir que lo defienda pero lo puedo llegar a entender. Este año que he vuelto a entrenar a minis y veo muchos partidos, he oído autenticas “burradas” desde la grada. Se nos olvida que los chicos y chicas que están en la pista son niños y no “pequeños adultos”, con lo que no piensan como adultos, para ellos esto es un juego y su partido es su ilusión de la semana. Tenemos que entender también que ellos disfrutan de sus amigos y están encantados con ellos además debemos de saber que esperan  felicitaciones y ánimos y no reproches, ¿por qué digo todo esto?, porque te sientas en la grada o mini grada de una pista de Mini-basket y en ocasiones sientes vergüenza ajena ya que desde el primer minuto de partido empiezas a oír comentarios y actitudes como estas:

 

–          Contradecir y descalificar al entrenador

–          insultar a los árbitros  (No anime las criticas contra los árbitros. En Mini-Basket o Baloncesto, se ha de considerar a los árbitros como AMIGOS. Tenemos que recordar que ellos sacrifican parte de su tiempo para ayudar a que su hijo y otros jueguen el partido de manera justa y honesta).

–          Descalificar e insultar a los contrarios y lo peor descalificar a los propios compañeros

–          Agresiones verbales tanto a árbitros como a jugadores

 

Estas actitudes las puedo completar con los comentarios que he ido recopilando en este tiempo, tanto en la grada como en la salida de los entrenamientos o incluso que me han pasado a mí como entrenador. Me gustaría destacar los que me parecen más graves.

 

–          ¡Hijo!, no le hagas caso a tu entrenador que no tiene ni idea, tu sigue tirando que así serás “el mejor” (no pensamos que a veces su hijo no quiere ser el mejor solo quiere divertirse).

–          “7” como sigas tirando te vas a enterar (refiriéndose a un jugador del otro equipo).

–          He visto encararse a un padre con un niño de 11 años después de pedirle éste último el balón porque lo estaba reteniendo.

–          padres descolgados de la grada, propinando toda clase de insultos a los árbitros.

–          Hijos que miran a la grada después de realizar una acción para recibir la aprobación de sus padres en vez de la del entrenador.

–          Jugador recriminando a un árbitro y a su padre detrás insultado.

–          Si sigues jugando así de mal no te van a llamar para la selección.

–          Una muy graciosa y que yo repito mucho cuando jugamos mal y para provocar una sonrisa es la de “Ya veras, como sigas así esta noche no cenas”.

 

También he oído todo lo contrario, no todo podía ser todo malo ¿verdad?, sin ir más lejos el pasado sábado entraba a un colegio a ver un entrenamiento benjamín y salía un Pre-benjamín con su padre y este le preguntaba:

 

-¿Te lo has pasado bien?, Respondiendo el niño, ¡si papa!

– Es lo importante hijo.

 

Ojalá este comentario fuese generalizado, porque significaría que los entrenadores podríamos hacer nuestro trabajo que es ayudar a formar a los niños y niñas, además de poder disfrutar de los partidos de Mini-basket que es donde reside la esencia y los valores del deporte y no tener que irnos a una esquina del pabellón, para no tener que oír todos los comentarios que estamos cansados de escuchar y que nos avergüenzan.

 

Tenemos que ver también que los jugadores pueden llegar a sentir vergüenza de sus padres, vergüenza por ver a sus padres insultar, faltar al respeto o agredir a compañeros, árbitros y entrenadores desde la grada. Yo creo que no tenemos que llegar hasta ese extremo porque puede resultar realmente duro para el jugador. Hace unos días, una entrenadora hablando de este tema me decía que ella recordaba perfectamente a la madre de una compañera suya de equipo pero que tenia un vago recuerdo de su compañera tanto como jugadora como físicamente. Con este comentario nos tendríamos que sentir avergonzados porque esos no son los valores que buscamos en el deporte.

 

Luego tenemos la parte de la presión por la “competición” y yo me pregunto, ¿qué ganamos con ser campeones de nuestra comunidad o con ser campeones del torneo de navidad en categoría Min-basket?. Para ellos el sábado debe ser su premio por trabajar toda la semana,  han de estar en la pista, jugar para divertirse y no salir presionados por si tienen que ganar de tres o de diez para entrar en “Play-off, yo como entrenador sufro cuando llego a un pabellón y veo a los jugadores con diez años preocupados por si tienen que ganar. ¿De verdad creemos que eso es bueno para nuestros deportistas o para nuestros hijos?, yo pienso que en estas edades, los jugadores se encuentran en la mejor época del baloncesto o del deporte donde de verdad no hay que mirar la competición, solo la diversión y la adquisición de los valores que vienen impregnados en el deporte, salud, responsabilidad, amistad, respeto, diversión y sobre todo “jugar”. Una edad donde los padres han de servir de apoyo o refuerzo al deporte para la adquisición de esos valores tan importantes para la formación de sus propios hijos.

 

Tenemos que recordar que los padres son la figura y el modelo a seguir por sus hijos. A mi se me cae el alma al suelo cuando escucho a un niño de diez años insultando a un árbitro, a su entrenador o recriminando a su compañero por perder un balón, esos no son los objetivos que perseguimos los entrenadores. Nosotros cuando nos colgamos el silbato y nos ponemos a dirigir un entrenamiento, nos podemos preguntar ¿Cuáles son esos objetivos? Para mí los objetivos que tenemos que buscar en nuestro deporte son:

 

– Hacer disfrutar a los niños con el juego.

– Hacerles mejorar en sus prestaciones para que aumenten su nivel de juego.

– Trabajar como un equipo.

– Hacer amigos en un ambiente de trabajo amigable, educado y seguro.

– Formarse como persona.

 

Pensemos un poco, nosotros los entrenadores también pasamos mucho tiempo con ellos e intentamos inculcarles estos valores, pero si desde casa reciben una información contradictoria entonces no seremos necesarios en el deporte, ya que los jugadores nos perderán el respeto y la confianza que nosotros intentamos que tengan tanto en nosotros como en sus compañeros. He querido escribir este artículo porque pienso que tenemos que reflexionar sobre el papel de los padres en el Mini-basket. Por lo que todos ahora deberíamos pensar en soluciones a este problema, a lo mejor tendríamos que reunir a los padres al principio de la temporada concienciarles de que su comportamiento es fundamental para la formación de sus hijos y si este comportamiento es de “energúmeno” o de “hooligan”, estamos dando un paso atrás en la formación de sus hijos y recordarles que tanto sus hijos, los entrenadores y los árbitros estamos en formación, con lo que estamos todos para equivocarnos y mientras más errores cometamos más seremos capaces de avanzar.

 

También pienso que se puede en estos equipos dar un papel de responsabilidad dentro del equipo, siendo los encargados de la mesa de anotación, siendo delegados de equipo o de campo o ayudando con el botiquín y el agua, para que se den cuenta del trabajo que se realiza en un equipo, la responsabilidad que existe dentro de este y para mí lo que es más importante: las relaciones que existen en el equipo de amistad, compañerismo y complicidad. Todas estas cosas desde la grada no se perciben con la misma nitidez como en un banquillo.

 

Espero qué estas líneas nos sirvan para reflexionar un poco y seguir creándonos dudas, porque así mejoraremos nuestro deporte.

 

Saúl Menchén Chacón. Entrenador Superior

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